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“El lenguaje define nuestra realidad.”—Wittgenstein

 

Vicente Fox en su libro, “La revolución de la esperanza” cita a Elie Wiesel, sobreviviente del Holocausto judío y ganador del Premio Nobel de la Paz, durante un discurso que pronunció en la Casa Blanca en los años que gobernaba Bill Clinton.  El discurso en cuestión se llama “Los peligros de la indiferencia”, donde Wiesel de manera muy puntual, reclama a la humanidad (y en especial a los líderes mundiales reunidos esa noche en la Casa Blanca) el que no se vuelva indiferente ante hechos que atentan a la integridad de los seres humanos, entre muchas otras cosas.  Fox se encontraba como invitado esa noche en la Casa Blanca, donde tuvo oportunidad de escuchar de viva voz este discurso por demás inspirador.  Lo interesante resulta en que Fox en su libro, se atribuye que todo lo que él hizo durante su sexenio y lo que planea hacer con su Centro Fox es exactamente lo que Wiesel reclama: el no quedarse como mero espectador de lo que sucede en el mundo y llevar a cabo acciones que beneficien a muchos.  Suena excelente, ¿no es así?

 

El problema reside en que Fox, al igual que muchos otros personajes de la vida política nacional e internacional, son amantes del doble discurso y sufren de disonancia cognitiva.  Emplean el lenguaje políticamente correcto, utilizando palabras tales como: transparencia, rendición de cuentas, construcción de capacidades, democracia, igualdad, equidad de género, diversidad, respeto a los derechos humanos, etc., cada vez que se expresan.  Pero esto no significa que la utilización de dicho lenguaje se traduzca en hechos, y he aquí el peligro de una indiferencia mal entendida.  Fox no es un hombre mal intencionado, pero desgraciadamente los hechos y acciones que le siguen a sus palabras no necesariamente son congruentes con su realidad.  Empero, considero que Fox al igual que muchos personajes del acontecer nacional, padecen de disonancia cognitiva.  ¿Cómo es posible que este ex-presidente categóricamente se atribuya el hecho de que la democracia llegó a México una vez que él llegó al poder y lo manifieste por escrito en su libro? ¿Cómo es posible que ante la ola de escándalos que han acompañado la presentación de su libro él hable de una conspiración en su contra y no asuma responsabilidades?

 

Es interesante más no sorprendente constatar que Fox vive en una realidad desintegrada e incongruente y que aparte haya tenido la imprudencia de escribir un libro vanagloriándose por sus grandes hazañas.  Que Fox y su equipo pudieron terminar con “la dictadura perfecta” hay que reconocérselo, pero no puede atribuirse que al país llegó la democracia con su mandato, concepto que dista mucho de la realidad.  Como sociedad civil tenemos la obligación de entender lo que Wiesel realmente quiere transmitir con respecto a “Los peligros de la indiferencia”, y no quedarnos estáticos y pasivos ante abusos que atenten contra otros seres humanos. Pero es  inaceptable que se utilice el doble discurso y que se practique la disonancia cognitiva de la realidad como la norma que impera en el lenguaje y en las acciones llevadas a cabo por nuestros líderes, aunque ya no estén en el poder.  No solamente se trata de “walk the walk” y “talk the talk”, señores.  Se trata de “walk the talk”.  Tarea difícil más no imposible.

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