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Vicente Fox se encuentra muy ocupado estos días promoviendo su libro en inglés titulado Revolution of Hope: The Life, Faith and Dreams of a Mexican President (La revolución de la esperanza: la vida, fe y los sueños de un presidente mexicano) por Estados Unidos.  Lo interesante de todo esto resultó en que la casa editorial Penguin le organizó entrevistas con los programas de televisión y radio estadounidense de mayores ratings, pertenecientes a distintas cadenas de cable y que representan diversas ideologías y posturas políticas.  Fox acudió a entrevistas con Larry King de la CNN, con Jon Stewart del Daily Show del canal Comedy Central, y también con el temible Bill O’Reilly de la cadena Fox, por mencionar algunos.   Lo que trascendió notablemente es que en varios de estos programas, en vez de ser una entrevista para que el ex-mandatario hablara sobre su libro, en la mayoría de los casos se convirtió en un debate improvisado, sobresaliendo el caso de Bill O’Reilly. 

 

Para cualquiera que conoce el programa de O’Reilly, es consabido que dicho comentarista (quien fue acusado hace poco tiempo por hostigar sexualmente a una asistente, pero la memoria llega a fallarle al ser humano de tiempo en tiempo) comulga con ideas de extrema derecha y es un acérrimo crítico al gobierno mexicano, apoyando la construcción del “muro de la vergüenza” y manifestándose totalmente en contra de la emigración, especialmente de los mexicanos indocumentados hacia Estados Unidos.  Al conocerse que Fox asistió al programa de O’Reilly y al escuchar parte de su interacción con el nefasto comentarista, mi primera reacción fue de miedo y pena por Fox.  Definitivamente (pensé en un principio), tiene en su grupo de asesores a sus peores enemigos.  Desde el impasse de la revista Quién, para ¿ahora asistir a un programa donde voluntariamente se estaba poniendo como carne de cañón para ser el hazmerreír de parte de la población estadounidense y avergonzar a la población mexicana? Total harakiri, pensé, total suicido voluntario. 

 

Pero…al leer ahora el texto completo de la entrevista con O’Reilly, me doy cuenta que salió a relucir el verdadero vaquero broncudo y envalentonado que habita dentro del mandilón de Fox, un tanto cuanto necio e intransigente, pero fuerte en sus aseveraciones y juicios contra los ataques racistas y pseudo-xenófobos de O’Reilly.  Fox, estemos de acuerdo o no con su protagonismo post-presidencial, puso los puntos sobre las íes en cuanto a temas escabrosos en la relación México-Estados Unidos, tales como migración, narcotráfico y pobreza al corresponsabilizar al vecino del norte.  Mi reacción inicial cambió definitivamente. Fox se ha convertido en lo que él (con ayuda de López Obrador y su cállate, chachalaca) probablemente llamaría una ávida tepocata chachalaquera: una alimaña muy habladora que a veces cuenta con la buena fortuna de ser atinado en sus aseveraciones, siempre y cuando elija el momento y lugar adecuado.  No te calles, chachalaca…pero ten cuidado. 

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