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Antes de que la palabra terrorismo fuera utilizada por los europeos a finales del siglo XVIII tras la Revolución Francesa, múltiples actos terroristas ya se habían llevado a cabo en la historia de la humanidad.  Las tácticas de terrorismo llevadas a cabo de manera violenta y aleatoria han sido utilizadas por grupos en la izquierda y la derecha política, por fanáticos religiosos y fundamentalistas provenientes de diversas creencias, por los ricos y los pobres, por los grupos nacionalistas y por los revolucionarios en diversas partes del mundo y distintas épocas.

De acuerdo a Bruce Hoffman, especialista en terrorismo de la Corporación RAND en Washington, DC, cualesquiera que sea la razón –racional, o irracional, política, económica, religiosa o personal—aquellos que se involucran en actividades terroristas creen firmemente que no existe alguna otra alternativa.  Y eso se convierte en la justificación o el razonamiento para llevar a cabo actos terroristas. Aunado a esta forma de visualizar la realidad, se lleva a cabo una “catarsis de la violencia”, donde la satisfacción que sienten es la del David contra el Goliat, los débiles u oprimidos, los humillados, contra los fuertes, los opresores.  Éste es el caso del Ejército Popular Revolucionario y sus recientes ataques a los gasoductos de PEMEX. 

De acuerdo a los comunicados enviados a distintas agencias internacionales y al Centro de Documentación de Movimientos Armados (CEDEMA), el EPR justifica sus ataques como la única alternativa para lograr que el gobierno “fascista, pro-oligárquico y ejecutor de crímenes de lesa humanidad de Felipe Calderón” libere a los presuntos presos políticos miembros del EPR, aparentemente coludidos también con la APPO y hasta cierto punto con las posturas de algunos miembros del PRD, desconociendo a Calderón como presidente legítimo de México.  El EPR justifica también y de alguna manera se libera de culpas al admitir que los ataques no fueron en contra de civiles, sino en contra de bienes pertenecientes a la nación.  Al parecer la miopía del EPR no tiene límites.  Dichos actos han afectado a los civiles de manera directa e indirecta. Se han visto afectados el suministro de gas que tantas familias y empresas dependen del mismo, el trabajo diario de cientos de civiles que operaban en el gasoducto, al medio ambiente, y peor aún, a la confianza de los civiles en sus instituciones.  La pérdida del capital humano o la confianza en las instituciones en una democracia incipiente como la nuestra puede llegar a ser sinónimo de una derrota democrática total…Y para añadir más leña al fuego, también afecta a los inversionistas extranjeros interesados en nuestro país.  ¿Quién va a querer invertir en un país inseguro, con actos de terrorismo doméstico, cuando tienen a China, India y Brasil como opciones? De que los civiles ciudadanos mexicanos fueron afectados, de eso no hay duda…A los miembros del EPR: aunque sus planteamientos no son una falacia total, parte de sus justificaciones lo son.  Están saboteándose a sí mismos.

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